La ciudad después de medianoche
Crónica de lo que ocurre cuando el centro se vacía y el margen se enciende.
A cierta hora la ciudad cambia de dueño. Las terrazas se cierran, los autobuses se espacian y aparecen otras geographies: el local con la puerta entreabierta, la radio que todavía emite, la persona que espera un taxi como si esperara un tren.
Una ciudad que pierde su medianoche pierde una parte de su inteligencia.
Fotografiar esa hora es una disciplina. La luz es escasa, los gestos son menos performativos, la arquitectura se vuelve personaje. El hormigón, el neón residual, el vapor de un bar que no debería estar abierto.
En el margen
Hay políticas de la noche —quién puede estar, quién es empujado a casa— y hay poéticas. MARGEN se queda con ambas. Porque una ciudad que pierde su medianoche pierde también una parte de su inteligencia.
Caminar después de las doce no es nostalgia de una juventud. Es un método para ver lo que el día disimula.
Bruno Sáez
Caminé la misma avenida después de leerlo. Distinta.
para unirte a la conversación.
“Publicar es una forma de hospitalidad”
Hablamos de oficios invisibles, de tiradas cortas y de por qué todavía vale la pena imprimir.
El arte de no encajar
Hay una forma de estar en la cultura que consiste en no pedir permiso. Ni al mercado, ni al algoritmo, ni a la conversación de moda.
Arquitectura de lo invisible
Escaleras de servicio, pasos bajo vía, naves, techos bajos. Una ciudad hecha de lo que no se fotografía.